¿Ponerse guapa?
Tengo esta temporada alguna celebración y, claro, hay que pornerse guapa. Al menos presentable.
En general dedico muy poco tiempo a las compras y a los trapitos. No es que no me gusten -tengo pendiente una excursión de compras con una de mis amigas expertas-, lo malo es que me gustan más muchas otras cosas y no se puede estar a todo.
Así que rebusco en los armarios buscando algo que ponerme y voy probándome todos esos vestidos que llevan “años” ahí colgados. Descarto los largos porque es de día, reviso los muy veraniegos y escojo uno por si viene estupendo, elimino los sofisticados, los muy pasados de moda…Algo bueno saco en limpio: me sirven, lo que teniendo en cuenta la antigüedad no es poco.
A pique estoy de ir de tiendas en vista del éxito y sumar otro más a la colección, pero al final sale a mi rescate el último vestido que me regaló mi madre. Es perfecto para esto si no fuera porque es -cómo decirlo- ¿llamativo? Me veo un tanto exuberante, por decirlo suave. Seguramente estaré exagerando porque mi madre, aunque es más moderna que yo, tiene muy buen gusto. Tened en cuenta que mi color favorito es el negro, el segundo el blanco, el tercero el azul marino…Pero bueno, últimamente estoy intentando poner color en mi vida…
Me decido. Me pongo este. Tacones imposibles y ya está. Con tal de sacarme esto de encima…




